"Más lento que el caballo del malo"

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No se pude ser más lento que el caballo del malo porque éste no es más que una mera entelequia de la ficción mal fabricada que convierte étnias equinas en distintivos de inclinaciones naturales animales, siempre dependientes de su amo y señor. Porque, sin miedo a la falacia, la conversión de una intención primera como es la distinción en tanto que persecución de un acto engañoso producto de una mercadotecnia simplista, no persigue más que el troquelado a placer de una primera hornada de mentes volubles y, las más de las veces, inocentes, para conseguir unos fines harto tramposos.


La problemática se resuelve en el preciso instante en que entra en la ecuación el factor tiempo, que a base de reiterar la mentira, ocasión tras ocasión, acaba consiguiendo el efecto contrario al deseado. La experiencia se cimienta, y la incapacidad de los jacos perseguidores de atrapar nunca a sus anteriores va conformando un universo demasiado inocente como para mantenerse entero por sí solo.

Aún así, no deja de resultar curioso que, ese principio de realidad, no halla superado a la tradición inicial, prevaleciendo más allá de los tiempos y llegando a formar parte sólida del imaginario colectivo del espectador. Muestra inequívoca, una vez más, que el ser humano en tanto que persona, es un animal de costumbres.

El mayor problema de todo esto, sea quizás la opinión del caballo, a quién nadie ha tenido aún la osadía de preguntar (probablemente, más por miedo que por vergüenza, aunque a saber...). Su encasillamiento, debe haber sido toda una carga, generación tras generación, lapidando cualquier posible atisbo de superación animal. Aunque, si bien se piensa, lo mismo ha acabado sacándole partido a su reputación, y ha optado por autoerigirse semental del establo. Porque alguna ventaja tiene que tener ser el más lento de toda la caballeriza. Digo.

contingencias

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¿Quieres poner los pies en la tierra de una maldita vez? ¡Acabamos de enterrar una bruja en el sótano!



sótano

glam y circo

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fenotipo

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Una, dos, tres, cuatro y cinco hormiguitas. En fila. Me suben por el cuello. Al tocar las patas de una de ellas el fluido del ojo del pez, éste reacciona rápido. Un giro nervioso y ya sólo quedan cuatro. Es entretenido, pero tengo prisa y las aparto con el dedo pulgar.

Es casi un milagro, pero me estoy empezando a acostumbrar al cambio. No es que piense que la unión simbiótica sea una de las ventajas del contrato, pero de la misma forma te la meten doblada los bancos al obligarte a firmar un seguro de hogar cuando te conceden una hipoteca. Y nadie pone el grito en el cielo por ello. Pues esto es algo similar. Y en el fondo no es tan horrible. El otro día, en la iglesia, me crucé con la señorita Haynes y no ha perdido ni un ápice de su encanto en el proceso. Un genotipo es un genotipo por mucho que la base ósea haya pasado a ser cartilaginosa. A la mierda la teoría biológica del desarrollo. Y a la mierda los darwinistas, por supuesto. En el fondo todos somos carbono. ¿En qué nos diferenciamos?, ¿en el porcentaje de agua? ¡Panda de perdedores!

Lo jodido es afeitarse, y bueno, los parásitos. Quién iba a decir que lo peor de todo sería culpa de un simple cambio de textura epidérmica. En fin. Hoy me voy a tener que dejar media barba o no me va a dar tiempo a fichar. El Jefe se pone de una mala ostia tremenda cuando no llegamos a la hora en época de sacrificios rituales.

wish you were here

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wish you were here

1b_obertura

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1b_obertura_2

dime que
no es verdad,
dime que
no irás más allá.

donde tú
quieres ir
sabes que
yo no puedo estar.

J.

El monstruo de Saraqusta (3 de 3)

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III

Aquí termina de forma brusca el manuscrito de Víctor Blanco. Naturalmente, la consideración de este fragmento como algo más que un simple ejercicio literario acarrea infinidad de problemas. El principal es, quizá, la misma ciudad. El nombre de Saraqusta puede remitirnos a Zaragoza, ciudad española que recibió aquel nombre durante la época de dominación musulmana (de hecho, la mención a un califato que bien podría ser el de Córdoba apoyaría esta hipótesis). Sin embargo, es imposible que un ataque a la ciudad tan grande como el que relata el texto haya pasado desapercibido para los cronistas de la época. Además, los dos nombres propios que se mencionan son ridículos; ninguno de ellos pertenece a la cultura islámica. Se trata simplemente de vulgares construcciones fonéticas, aparentemente hechas al azar. De sobra está recordar que las descripciones arquitectónicas que se hacen de la ciudad no tienen ningún asidero estético ni histórico, y que más bien parecen remitir a una bizarra mezcla de culturas sin ningún tipo de criterio.

La maldición de los Garugas era, indudablemente, la licantropía, y allí radica la única conexión aparente entre el manuscrito y el códice de Dellamore. Para aquellos que lo dudan, basta decir que la palabra “garuga” tiene una gran similitud con el término francés “garou” (de “loup–garou” o mejor dicho “hombre–lobo”). El problema está en que estos fenómenos no son típicos de la región de Zaragoza, sino de otras zonas del norte de España, especialmente Galicia.

Pero quizá el mayor misterio de todos sea el propio Víctor Blanco. Este nombre, evidentemente falso, no aparece en ninguno de los registros de autores publicados en lengua española, y sin embargo, las anotaciones hechas al margen del texto hacen un montón de referencias a otros libros suyos escritos con anterioridad, libros que por supuesto no han podido ser localizados. Por alguna razón, Eric Balfour dudaba que fuera un autor ficticio, y las palabras de aquel hombre, que de repente comenzaron a cobrar un fuerte significado para él, lo lanzaron a la búsqueda del elusivo autor durante varios años. Finalmente, un colega suyo de la Biblioteca de Oxford recibió una llamada telefónica en la que un desesperado Balfour afirmaba haber encontrado al misterioso señor Blanco en un directorio de autores de Byalistok, Polonia.

Nunca se supo si lo contactó. Eric Balfour desapareció sin dejar rastro poco después. Todos sus objetos personales se encontraron en su habitación del campus universitario. Se supo que, efectivamente, había adquirido un pasaje de avión hasta Varsovia, y que una vez ahí, había alquilado un coche para ir hasta la localidad fronteriza de Byalistok, pero el vehículo fue hallado vacío cerca de un cementerio abandonado. En cuanto a Eric Balfour, nada se supo de él. Era como si hubiese desaparecido de este mundo.